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El Toro Mexicano Genotipo


Las características que definen el comportamiento y la actitud de los toros de lidia, de origen genético, constituyen el genotipo.
Esos factores, evidentemente, no podemos verlos a simple vista, sólo podrán identificarse en rasgos que requieren de agudeza de observación y objetividad al juzgar la actuación y las maneras de los astados a lo largo de su vida, especialmente en su lidia y muerte.
Profundizando en este concepto fundamental de genotipo, podríamos decir que ello ha hecho subsistir durante toda la historia al toro de lidia, que debe ser fundamentalmente bravo. Y aquí nos aventuramos a entrar en esta mágica palabra que en sí encierra la base fundamental de la vida del toro y la esencia misma de la fiesta.



El Misterio de la Bravura

Hablar de la bravura es dificil, pues, además de la naturaleza es fundamental reconocer el trabajo del hombre al lado de ella, porque éste ha sido capaz, no sólo de manejarla, sino ha hecho el milagro de mejorarla, invirtiendo para ello muchos años de conocimiento, grandes recursos para poder criar a los animales y, especiilmente, entrega y cariño por este incomparable rumiante, un animal que, en la tranquilidad del campo bravo, desde recién nacido, apenas poniéndose en pie, ya embiste sin más motivo que su casta y el abolengo, porque en sus venas corre la sangre de sus antepasados, que sustentará cuando llegue el momento de demostrarla.
En ello hay un misterio, porque nadie ha podido explicar a ciencia cierta por qué un toro embiste. Según unos, es un animal cobarde y ataca por miedo, porque en realidad desea huir y se defiende de lo que puede provocarle peligro o malestar y, cuando es provocado, reacciona a ese estímulo y se vuelve agresivo. Según otros, el toro acomete porque su naturaleza es la agresividaa es bravo, no mide ni tamaño ni fuerza del adversario, y porque cuanto más se le castiga, más se crece y embiste hasta el final, sin rehuir jamás el desafio porque es bravo.
Como el toro transcurre pastueñamente su existencia en la dehesa, aún sabedor de su poder, vive tranquilo, casi sin inmutarse, sus costumbres cotidianas son casi inamovibles, parece un milagro observar cómo, a flor de piel, tiene el nerviosismo que lo transforma en un instante en una fiera.
Después de la larga espera y todo el esfuerzo, llega el gran día en que es embarcado hacia su cita con el destino... la lidia y muerte, a la que enfrentará con gallardía, con nobleza, sin tratar de huir ni de voltear la cara y, cuando la puya le parta el pelo, irá a más, recargará con fuerza. empujando con los riñones, metiendo la cabeza.
En las banderillas acudirá con un galope armonioso. buscando a su enemigo y humillando antes de la reunión, para salir del encuentro crecido.
Ya en el tercio final, acometerá con nobleza y casta hasta el último aliento y aún en el suspiro final todavía embiste para demostrar su bravura.
Lograr todo ello en el toro mexicano es orgullo de nuestros ganaderos, quienes han hecho posible un toro con esas características, que lo hace único en el mundo por su temple extraordinario.
Cuántas vivencias e historias llevan guardadas las paredes de las casas ganaderas mexicanas, y es en sus potreros donde radica ese gran misterio que da la grandeza a la fiesta de los toros.
El toro mexicano, cuando llega a cumplir sus cinco hierbas y sale a una plaza, trae cargando el abolengo de una tradición propia.
Es un animal con mucha casta, pero de gran nobleza, que se entrega a quien es capaz de entenderlo y dominarlo.
Es el mejor de los amigos, desarrolla una calidad que no la tiene ningún otro en el mundo y su raza lo hace mantenerse enhiesto hasta el final sostenido por esos hilos invisibles y ancestrales, hasta antes de entregarse a la inmortalidad