Historia del Toro de Lidia Mexicano

Al hablar del toro bravo mexicano, no podemos dejar de referirnos al toro español y mucho menos olvidar los orígenes de los antecesores del actual toro de lidia.

El fósil más antiguo provisto al menos de cuernos, data de hace 70 millones de años (en el plioceno), su nombre zoológico, es: bos-planifrons. La especie de la cual provienen todos los bóvidos, es la del bos brachyseros, o bos primigenius, misma que domesticó el hombre (6000 a 2500 años A.C.). También se le conoció con el nombre de uro, en la era de piedra.

Julio César hace 2000 años, describía a éste animal, como muy peligroso, ligero, bravo, enorme e indómito. Llamado posteriormente por los celtas como aurochs, habitó en Asia Menor, África y parte de Europa, fue una figura sacra y objeto de culto por las antiguas civilizaciones. Así en la Mitología griega aparece en forma de Minotauro.

El uro fue cazado se extinguió en Europa en la Edad Media y es considerado como el antepasado salvaje de todas las razas bovinas domésticas existentes hoy e incluso del toro de lidia actual, que es la raza bovina que mejor conserva sus características.

Si bien el toro desapareció de los bosques de Europa central en el siglo XVII, no sucedió lo mismo en la península ibérica donde el toro permaneció de forma ininterrumpida según los testimonios documentales que avalan que los toros seguían existiendo y que estos

eran empleados en corridas de toros durante el siglo XIII, como en las fiestas de toros en Cuéllar (Segovia) en el año 1215 o en las fiestas populares de Portugal durante el reinado de Alfonso III en las que se celebraron fiestas y bodas con corridas de toros.

Uno de los aspectos de la historia del toro de lidia que más se presta a discusión es la determinación sobre la aparición de la crianza del mismo con fines de lidia, seleccionando ejemplares y razas, con fines comerciales, o destinados a los espectáculos taurinos de toda índole. No parece que existiera una selección especial durante la Edad Media, en la que los toros, como otros animales salvajes, eran mantenidos en cautividad y protegidos por los señores feudales para propósitos de cría o de caza, sin embargo tuvo que pasar un siglo más para que el espectáculo taurino cobrara auge y aparecieran las ganaderías orientadas claramente a los espectáculos taurinos ya con fines comerciales.

Así pues, el toro de lidia actual puede considerarse el resultado del trabajo de selección efectuado desde principios del siglo XVIII mediante la prueba de la tienta a fin de elegir para su reproducción ejemplares que reunieran ciertas características que permitieran el ejercicio de la lidia; es decir, la sucesión de suertes que se ejecutan en las corridas de toros desde que el toro sale al ruedo hasta que, una vez que el diestro le ha dado muerte y es arrastrado por las mulillas. Estas características han variado tanto a lo largo de los siglos como el toreo mismo, manteniéndose como sostén del mismo un único denominador común: la bravura del toro.

 

Nacieron entonces, ya en la segunda mitad del siglo XVIII, las que se consideran las castas fundacionales de las que parten los encastes actuales: Morucha Castellana (Boecillo), Navarra, Toros la Tierra y Jijona (Madrid y la Mancha), Cabrera y Gallardo (El Puerto de Santa María), Vazqueña, Vega-Villar (Utrera) y Vistahermosa, si bien en la actualidad el 90% de las divisas existentes proceden todas de esta última.

Como se sabe y ha sido demostrado por diversos autores, la ganadería más antigua del mundo que aún está en pie es la de Atenco y data de 1522. Sobre estos pilares mexiquenses se soporta la historia de la ganadería brava en México, pues quien trajo por primera vez toros a la Nueva España fue Hernán Cortés con el permiso de Carlos V, sin embargo el toro bravo mexicano, como lo conocemos hoy en día, se debe primordialmente al trabajo y selección de cuatro familias de ganaderos que en el siglo XIX le dieron una personalidad propia a los bovinos criados en nuestro país.

FAMILIA BARBABOSA

 

Don Rafael Barbabosa Arzate, dueño de las ganaderías San Diego de los Padres y Santín, adquirió también en 1877, la famosa ganadería de Atenco, la cual fue fundada en 1522, por don Juan Gutiérrez Altamirano, primo hermano de Hernán Cortés. Altamirano, pasó la hacienda de Atenco, a los condes de Santiago y barones de Calimaya; quienes a su vez, la traspasaron a la familia Barbabosa. Siendo de ésta manera, que las tres referidas ganaderías, se conviertieron en el tronco común de las antiguas ganaderías mexicanas como fueron San Cristóbal la Trampa, Tepeyehualco, Quiricéo y Piedras Negras.

FAMILIA GONZÁLEZ

Don José María González Muñoz, fundó a mediados del siglo XIX (1874), la famosa ganadería tlaxcalteca de Piedras Negras y con él, inició la dinastía de Los González formada por Lubín, Romaríco, Wilulfo, Raúl y Marco Antonio. Esta es la única ganadería mexicana hasta nuestros días, administrada por una sola familia y que junto con la ganadería de San Mateo, están consideradas, cómo las madres de las ganaderías mexicanas.

El ganadero González Muñoz, adquirió sementales españoles de Pablo Benjumea, Miura, Murube y Marqués de Saltillo, así cómo diez vacas de éste último. Ésta línea es la que ha servido como base de muchas otras ganaderías.

FAMILIA LLAGUNO

Don Antonio y Julián Llaguno González en el año de 1899, fundaron en el estado de Zacatecas la ganadería de San Mateo con treinta vacas criollas y un semental de El Barranco. En 1907, agregaron un semental portugués de Palha, el cual fue obsequiado por su amigo el matador español, Ricardo Torres “Bombita”.Al año siguiente por conducto de su amigo “Bombita”, adquirieron seis vacas y dos sementales españoles, del Marqués de Saltillo (Casta de Vistahermosa). En 1909, don Antonio Llaguno, viajó a España, y personalmente compró diez vacas más, del mismo encaste de Saltillo enriqueciendo así su simiente.

Al estallar la Revolución Mexicana en 1910, los ganaderos del país sufrieron grandes pérdidas a causa dicho movimiento armado. Sin embargo, los hermanos Llaguno decidieron salvar lo mejor que tenían de simiente llevando a la ciudad de México 50 vacas, 2 becerros y 2 sementales línea directa del Marqués de Saltillo. Las vacas las estabularon en corrales en unos terrenos de Sotelo, y los becerros y sementales, en un departamento ubicado en la colonia San Rafael, en lo que es ahora, la calle de Sadi Carnot. De esta manera y con una gran visión, los hermanos Llaguno salvaguardaron su tesoro bovino, con lo que le dieron continuidad y grandeza al árbol genealógico de San Mateo conviertiéndose en la más prolífica de las ganaderías que hayan existido en México, creando con el tiempo el llamado Encaste Llaguno, el cual ha sido cimiento de una enorme cantidad de ganaderías de nuestro país.

FAMILIA MADRAZO

Los hermanos Francisco y José Madrazo García, en 1918 fundaron en el estado de Jalisco, la ganadería de La Punta con 4 vacas de San Nicolás Peralta y dos sementales españoles, uno del Marqués de Saltillo y otro de Parladé.

En 1919, agregaron 50 vientres y 2 sementales provenientes de San Mateo. En 1925, aumentaron su simiente con 10 vacas y 2 sementales de Gamero Cívico (Parladé), así cómo 42 vientres más y 5 sementales de Campos Varela; en 1940 agregaron dos sementales de Domingo Ortega y en 1945, uno del Conde de la Corte, todos ellos de origen español.

La Punta, ganadería mexicana de tanta fama y prestigio en el medio taurino de nuestro país, regó su sangre en la cabaña brava mexicana permitiendo el nacimiento de muchas ganaderías.

En 1928 se capturó este momento con los ganaderos más importantes de la época; de izquierda a derecha, Juan de Dios Barbabosa y Manuel Barbabosa, de la ganadería de Atenco, Lubín González, de Piedras Negras, y La Laguna. Antonio Barbabosa, de San Diego de los Padres, Antonio Llaguno con su padre, Julián Llaguno, de Torrecillas; Aurelio Carbajal de Zotoluca, Antonio Llaguno, de San Mateo, y Wiliulfo González, de Piedras Negras.

A finales del siglo pasado, varias ganaderías importaron ganado de España con lo que hoy en día se diversificaron los encastes en el campo bravo mexicano.